domingo, 31 de marzo de 2013

Horacio Zeballos (Mar del Plata, ARG, 1985)


Horacio Zeballos es jugador de tenis. Su mejor posición en el ranking la alcanzó el 4 de marzo de 2013 (número 39 del mundo), tres semanas después de ganar y jugar el partido de tenis por el que formará parte de la historia del tenis. Allí ganó (10 de febrero de 2013) al mejor tenista de la historia sobre tierra batida, Rafael Nadal, en la final del ATP 250 de Viña del Mar (Chile). Nunca antes había ganado un torneo de la ATP, pese a ser profesional desde 2004 (10 temporadas).

Horacio Zeballos, el 10 de febrero de 2013, fue el mejor frente al mejor de la historia. Algo que siempre podrá contar a los suyos.

Escribí sobre Horacio Zeballos, en este mismo blog, el día 29 de mayo de 2010. En aquel momento, el argentino era el jugador número 50 del mundo. Todo lo que dije aquel día (hace tres años ya), lo mantengo hoy. Por eso vuelvo a reproducir aquella entrada:

Los 50 mejores estudios de arquitectura del mundo (29 de mayo de 2010)

¿Qué me impulsa a escribir este blog cuando debería, quizá, dedicar todas mis energías a hacer viable mi estudio de arquitectura? Pues sencillamente: me divierte y me ayuda a reflexionar sobre el rumbo de cada día.

Por esa modesta razón me gusta fijarme en personajes que quizá no sean conscientes de sus verdaderos logros: Horacio Zeballos, por ejemplo. ¿Y quién es ese?, dirán ustedes. (http://es.wikipedia.org/wiki/Horacio_Zeballos). Pues un modesto jugador de tenis argentino que en este momento se encuentra en el número 44 del ranking mundial. Es decir, en 2010, sólo 43 jugadores son mejores que él.

¿Se imaginan ustedes que fueran el 44 mejor del mundo en su especialidad? El 44 mejor cocinero, el 44 mejor carnicero, el 44 mejor contable, el 44 mejor médico del mundo, el 44 mejor filósofo, el 44 mejor arquitecto del mundo. Sería todo un éxito, ¿verdad?

Ocurre que en esto del deporte, ser el 44 mejor del mundo es aparentemente nada. Pero sólo es aparentemente, porque según la página oficial de la ATP, Horazio Ceballos ha ganado en su carrera deportiva 700.243 dólares a lo largo de su carrera (301.000 en 2010). No está mal, pues el chico sólo tiene 25 años. A esa edad, la mayoría de los chicos que yo conozco, todavía no se han incorporado al mundo laboral.

Pero no he traído aquí a Horacio Zeballos para hablar de su dinero sino de una característica de la inteligencia: el sentido del humor. Ayer jugó y perdió con Rafael Nadal en segunda ronda del torneo de Roland Garros 2010. He leído la noticia en dos periódicos distintos y en ambos se refieren a la posterior rueda de prensa citándole en dos respuestas también distintas. En ambos casos, sus contestaciones fueron inteligentemente divertidas:

A la pregunta publicada en EL PAÍS de hoy, ¿Quién puede ganar a Rafael Nadal en Roland Garros?, el jugador argentino respondió,

“Dos o tres tenistas, …., pero jugando juntos”.

A la pregunta del diario PÚBLICO, también de hoy, ¿cómo hay que ganar a Rafael Nadal?, dijo:

“Si quieres ganarle un punto a Nadal, tienes que matarlo primero”.

En 2007 Horacio Zeballos ganó el torneo de dobles de los juegos panamericanos de Río de Janeiro y en 2010 formó parte del equipo argentino de Copa Davis. No está mal para ser sólo el 44 mejor tenista del mundo.

Ojalá consiguiera nuestro estudio de arquitectura, bajo mi dirección o bajo la de cualquier otro, llegar a estar entre los 50 mejores del mundo.

Por cierto, Zeballos creció idolatrando a los zurdos Goran Ivanisevic y Thomas Muster, a quien conoció en Graz, Austria, en 2008, es fanático del club Boca Juniors y disfruta tomando mate en la costa argentina. Su meta más inmediata es llegar a estar entre los 30 mejores.

Luis Cercós (LC-Architects)

Santiago, Chile

Antón Chéjov (1860-1904)


La medicina es mi esposa legal, la literatura sólo mi amante (Antón Chéjov, en una carta escrita el día 11 de septiembre de 1888 a Alexéi Suvorin).

Una amiga periodista me ha enviado este delicioso artículo de Juan Forn, publicado el pasado viernes en la contratapa del diario argentino Página 12.
Ver nota en www.pagina12.com.ar
Contratapa  |  Viernes, 29 de marzo de 2013

El arte de la evasión en puntas de pie. 

Cuando Chejov llegaba a su casa de campo en Melikhovo, ochenta kilómetros al sur de Moscú, hacía izar una bandera para que los campesinos de la zona supieran que estaba. Había comprado esa casa, donde tenía viviendo a toda su familia, con el dinero que ganó como escritor, pero había empezado a escribir sólo para pagarse la carrera de médico (de hecho, firmaba con seudónimo esas “bagatelas”, para no arruinarse el nombre). Cuando triunfó, casi sin proponérselo, y sin creerse nunca del todo su calidad como escritor, a los únicos pacientes que atendía los atendía gratis, a la hora en que le golpearan la puerta. Una noche, tarde, estaba en Melikhovo sentado frente al fuego con amigos cuando lo mandaron llamar de afuera. Se demoró en volver y cuando le preguntaron el motivo de la tardanza dijo secamente: “Era una consulta”. ¿Tan tarde? ¿Alguien conocido? Chejov contestó, mirando al fuego: “Era una campesina. No la había visto en mi vida. Necesitaba láudano”. No se lo habría dado sin más, dijeron sus amigos. Luego de un largo silencio, Chejov contestó: “Vi en sus ojos que había tomado una decisión. Hay un puente de piedra sobre el río, acá cerca. Si se tira, va a padecer horriblemente antes de morir. Con el láudano le será más fácil”. Y, para cambiar de tema, se puso a hablar de literatura (cuando hablaba de literatura también lo hacía con el filo de un bisturí: a cada aspirante a escritor que le mandaba sus manuscritos le daba el mismo consejo: “Corten, corten, corten donde mienten. A todo cuento que escriban córtenle el principio y el final, porque ésos son los lugares donde más mienten todos los escritores”).

Cuando hablamos de Chejov siempre parece que habláramos de un hombre mayor. En todas sus fotos parece haber nacido médico, sensato, sabio, salvo en una que le sacó su hermano en Melikhovo, el mismo año en que ocurrió el incidente del láudano. Chejov tenía treinta y cuatro años; aunque aún parecía un estudiante revoltoso, le quedaban menos de diez años de vida, ya escupía sangre cuando tosía y tenía dos hermanos muertos de tuberculosis, además de doce hermosas mujeres esperando en vano su propuesta de matrimonio. ¿Sabía para entonces que tenía fecha pronta de salida? ¿Vivió así, y escribió así, porque sabía? Miren la foto y recuerden que la pregunta que Chejov se hizo siempre fue la misma que trataba de transmitir a cada paciente que examinaba: “¿Cómo debería vivir, siendo el que soy, sabiendo lo que sé?”.

Lo que sabemos es que fue siempre enfermizamente privado, el rey de la elipsis, el maestro de la evasión en puntas de pie, tanto en la vida como en lo que escribió. Cuando ensayaban La Gaviota, y un actor le pidió que le explicara cómo era el personaje que debía representar, contestó espantado: “Pero si usa pantalones a cuadros”. Las mujeres casaderas de Moscú decían que era “elusivo como un meteoro” (él, por su parte, se limitaba a repetir: “Denme una esposa que, como la luna, no aparezca todas las noches en mi cielo”). En Melikhovo quería la casa siempre llena de gente, pero se construyó una cabaña apartada para poder escabullirse a su antojo de familia, amigos y pacientes. Cuando le vino la fama, en lugar de disfrutarla en Moscú o Petersburgo (“Uno sólo puede acostumbrarse a la fama como un hombre a la verruga que tiene en la frente”) se fue a la isla de Sajalín, en Siberia: estuvo tres meses censando las miserias de la población carcelaria, haciendo una ficha de cada uno de los presos, a razón de 160 por día, en jornadas de catorce horas de trabajo; nadie le había pedido tal cosa, lo hizo sólo para que Rusia tuviera delante de sus ojos aquello que no quería ver. Volvió por mar, cruzando a Japón y de ahí a Ceilán, donde tuvo la experiencia sexual más gloriosa de su vida, y escribió desde allá: “Al fin puedo decirlo. He vivido. He estado en el infierno y en el paraíso, hijos de perra”. Aunque en otro tramo de su correspondencia dice, famosamente: “No me gusta hablar por carta de cosas que me importen mucho”.

Dicen que era bueno y generoso sin amar, cariñoso y atento sin apego, accesible pero insondable. Desde muy chico le inculcaron la modestia, a la manera rusa (“Recuerdo bien el momento en que mi padre empezó a educarme, o debería decir azotarme, yo tenía cuatro años”). De grande descubrió que no podía deshacerse de ella, y tampoco de la aversión invencible que le producía la grandilocuencia rusa (“Siempre me parece que engaño a la gente, o les parezco demasiado alegre o indiferente”). En 1901, cuando le quedaban menos de tres años de vida, se casó en secreto con la actriz Olga Knipper. Su madre, sus hermanos y sus amigos se enteraron por los diarios, días después. Olga se ganó el corazón de Chejov porque era desenfadada en la cama y sensata fuera de ella: ordenada, trabajadora, autosuficiente económicamente y, además, la mayoría del tiempo estaba a mil kilómetros de distancia (para entonces, la tuberculosis había obligado a Chejov a mudarse a Yalta, mientras Olga triunfaba en Moscú, en el teatro donde Stanislavski montaba las obras de su marido). Chejov decía que la había elegido porque tenía una caligrafía hermosa y buen ojo para los detalles cuando escribía cartas, pero también es cierto que le servía para controlar a la distancia las puestas que hacía Stanislavski de sus obras, así como Stanislavski y su socio Nemirovich-Danchenko (que era amante de Olga) necesitaban de ella para que el ya muy enfermo Chejov les entregara la gran obra que les había prometido: El jardín de los cerezos.

Después de la luna de miel, Olga y Chejov estuvieron casi seis meses sin verse. Cuando por fin ella fue a Yalta, se quedó cinco días y luego se lo llevó a un pueblo montañas adentro, donde lo convenció de someterse a una cura de kumis: una leche fermentada de yegua cuyos bacilos se decía que combatían con éxito al de la tuberculosis (había que beber cuatro litros por día de esa sustancia espesa y agria). Antes de volverse a los escenarios de Moscú, Olga le pidió que le informara puntualmente de los progresos. Quince días después, Chejov le escribía: “Aumenté otros tres kilos esta semana. Ahora me siento más fuerte cuando toso sangre”.

Cuando estalló la Guerra Ruso-Japonesa en 1904, quiso ir como voluntario al frente, pero un médico enfermo más que médico es un paciente, y Olga lo convenció, en cambio, de ir al spa de Badenweiler, en Alemania. Ir a morir adonde otros iban a reponerse, más chejoviano imposible. Raymond Carver contó la muerte de Chejov en el cuento “Rosas amarillas”. Máximo Gorki contó el entierro en Moscú: una multitud esperaba en la estación de tren, pero siguió por error el féretro del general Keller, que venía de Manchuria. Cuando llegaron al cementerio y la banda se puso a tocar marchas militares comprendieron que estaban en el funeral equivocado: el ataúd de Chejov iba en otro vagón, que llevaba ostras. En una escena de Tío Vania, un personaje se desmaya y otro pide: “Rápido, un vaso de agua”, pero cuando se lo alcanzan no se lo da a la víctima, sino que se lo bebe él, con total naturalidad. Ahí está Chejov, como cuando dijo: “La literatura tiene de bueno que uno se puede pasar con la pluma en la mano días enteros, sin advertir cómo pasan las horas y al mismo tiempo sintiendo algo que se parece a la vida”.

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martes, 26 de marzo de 2013

Antes/Después






Métodos Combinados de Limpieza - Recuperación Fachada Histórica casa Goycolea, Santiago, Chile
Centro Histórico, zona típica "Plaza de Armas" - Moguerza & Luis Cercós. Restauradora: Andrea Castro.

Castro, Chiloé, Plan de Recuperación



166 de los 200 palafitos de Castro (Chiloé) necesitan trabajos de reparación, según diagnóstico del Ministerio de Vivienda y Urbanismo del Gobierno de Chile (MINVU). Tras el informe se lanzó un plan de recuperación financiado con 455 millones de pesos chilenos (aproximadamente 722.000 euros). El trabajo, con asesoramiento de técnicos del Serviu, será realizado por los propios vecinos y les permitirá la compra de materiales aislantes, pintura para fachadas, reparaciones en las estructuras de madera y restauración de techos.

En palabras del Ministro de Vivienda, D. Rodrigo Pérez: "Los palafitos son parte de la identidad chilena, tienen un valor incalculable reconocido a nivel internacional. Por eso queremos preservar estas casas y mejorar la calidad de vida de sus propietarios". 

Según el alcalde de Castro, D. Nelson Águila, la recuperación debería abordar también una ley que regularice su derecho de propiedad, pues hoy, las construcciones sobre el mar no son reconocidas: "Sus propietarios, al vivir sobre el mar, no son dueños de un terreno. No pueden recibir muchos beneficios y negocios operan allí sin patentes (sin papeles, sin acceso al edificio). Hoy, lo construido allí es ilegal". 

Fuente: El Mercurio, Chile, 26 de marzo de 2013, página C9. 

viernes, 22 de marzo de 2013

Estética

Estética es un término con diferentes acepciones. En el lenguaje coloquial denota en general lo bello, y en la filosofía tiene diversas definiciones: por un lado es la rama que tiene por objeto el estudio de la esencia y la percepción de la belleza, por otro lado puede referirse al campo de la teoría del arte, y finalmente puede significar el estudio de la percepción en general, sea sensorial o entendida de manera más amplia. Estos campos de investigación pueden coincidir, pero no es necesario. La palabra deriva de las voces griegasαἰσθητική (aisthetikê) «sensación, percepción», de αἴσθησις (aisthesis) «sensación, sensibilidad», e -ικά (ica) «relativo a».

Fuente: Wikipedia

FilosoFía

La filosofía (del latín philosophĭa, y éste del griego antiguo φιλοσοφία, 'amor por la sabiduría') es el estudio de una variedad de problemas fundamentales acerca de cuestiones como la existencia, el conocimiento, la verdad, la moral, la belleza, la mente y el lenguaje. Al abordar estos problemas, la filosofía se distingue del misticismo, la mitología y lareligión por su énfasis en los argumentos racionales, y de la ciencia porque generalmente lleva adelante sus investigaciones de una manera no empírica, sea mediante el análisis conceptual, los experimentos mentales, la especulación u otros métodos a priori, aunque sin desconocer la importancia de los datos empíricos.

Fuente: Wikipedia

jueves, 21 de marzo de 2013

A PROPÓSITO DEL CADÁVER DE CHÁVEZ

http://www.lemondediplomatique.cl/A-proposito-del-cadaver-no.html








A propósito del cadáver no embalsamado de Hugo Chávez: una reflexión sobre la restauración monumental

Autor: Luis Cercós, restaurador de arquitectura, responsable metodológico del departamento de restauración de Moguerza Constructora SpA
Vive rápido, muere joven y deja un bonito cadáver[i]

A los pocos días del fallecimiento del Comandante Chávez (5 de marzo de 2013) el hasta entonces vicepresidente Nicolás Maduro anunció la intención de embalsamar al Presidente. Desde el mismo momento en que leí la noticia, restaurador de arquitectura como soy, pensé en la imposibilidad de tal mandato, no por razones técnicas[ii], sino ideológicas o intelectuales.

Se ha decidido preparar el cuerpo del comandante Presidente, embalsamarlo, para que quede abierto permanentemente en el Museo de la Revolución. Quedará el cuerpo de nuestro comandante en jefe embalsamado de manera especial para que pueda estar en una urna de cristal, para que el pueblo pueda tenerlo allí por siempre. ¡Por siempre![iii]

De la misma forma en que ante la ruina de un edificio, los arquitectos deben preguntarse qué imagen del monumento devolver a la sociedad (el monumento recién construido, allá en su lejana génesis; el monumento tal y como fue en su momento de máximo esplendor, quizá varios siglos después de su construcción; o el monumento en los años previos a su colapso), la pregunta que debían hacerse los especialistas médicos era previa y evidente: ¿qué imagen del presidente venezolano debemos congelar, toda vez que los estragos de su enfermedad (y de su posterior agonía y muerte) eran ya evidentes desde la difusión de las últimas imágenes conocidas del líder bolivariano, incluso desde varios meses antes del inicio del fin?

De haberse consumado el embalsamamiento la operación habría derivado, casi inevitablemente y con el paso de los años, en una operación de desprestigio hacia la imagen icónica que hoy se quería conseguir. El presidente Chávez, desgraciadamente para él y para los que le apreciábamos, había dejado de ser físicamente atractivo (que no intelectualmente atractivo), desde muchos meses antes de morir. 

O lo qué es lo mismo: ¿sería tan grande el mito de Ernesto Guevara si no hubiera existido  la famosísima y en gran parte casual fotografía de Alberto Korda (curiosamente tomada también un 5 de marzo, el de 1960, durante el cortejo fúnebre de los muertos en el atentado terrorista al barco La Coubre); ¿sería tan grande el mito del Ché si no se conocieran las fotografías de su injusta y sumaria ejecución y el extraordinario parecido con el Cristo yacente de Andrea Mantegna (1480-1490)?

A pesar de su juventud, apenas dos siglos de historia, la restauración de monumentos no ha sido siempre entendida ni practicada de la misma manera. Y en cualquier caso, salvo escasas excepciones, nos ha sido enseñada –incluso dictada- desde los cánones academicistas y culturales del siempre omnipresente hemisferio norte. Este hecho, aunque pudiera parecer lícito pues allí nació la disciplina, no parece ya absolutamente adecuado cuando hablamos de restaurar el patrimonio arquitectónico latinoamericano: Mirar lo propio, con ojos propios[iv].

La centenaria, decana y muy prestigiosa Revista de Arquitectura de la Sociedad Central de Arquitectos de la República Argentina dedicó su número de agosto de 2012 al Patrimonio. El título elegido por su curadora, la arquitecta Rita Comando, era una absoluta e irreverente declaración de intenciones: “Patrimonio. Prohibido No Tocar[v]. El argumento elegido entraba en colisión, sin pretenderlo, con el artículo del periodista francés Philippe Bovet, publicado también a este lado del Atlántico y en idéntico mes, agosto de 2012, dentro de la edición chilena de Le Monde Diplomatique: “¿Rehabilitar o Demoler? Arquitectos, no rompan nada”: Si la rehabilitación de edificios no se acostumbra aún, es seguramente porque, desde su formación, los arquitectos aprenden a valorar lo nuevo y piensan que no pueden expresarse de otra manera. Trabajar sobre lo existente no significaría más que conservar la obra de otro”.

Por un lado, una revista de arquitectura altamente especializada. Un clásico ya, fundada en 1904. Por otro un periódico político y muy comprometido, pero alejado del mundo de la arquitectura, con presencia, a través de diferentes ediciones, en las dos orillas del océano Atlántico y a ambos lados del Ecuador. El Patrimonio es ya, no solo aparentemente, un derecho de la sociedad, no un tema exclusivo de especialistas. Quede claro, en cualquier caso, que no estoy de acuerdo con el pesimista diagnóstico de Mr. Bovet sobre el estado de la cuestión pues muchos son los ejemplos de excelentes actuaciones sobre un patrimonio construido prexistente. Pero comprendo la sensación que el periodista y muchos activistas bienintencionados pudieran tener en relación con la vulnerabilidad del patrimonio arquitectónico. No hay nada que temer. Nunca ha estado el patrimonio arquitectónico tan protegido como hoy. En palabras de Rem Koolhaas, premio Pritzker 2000, la parte del mundo declarada inalterable por regímenes de preservación está creciendo exponencialmente. Una enorme sección de nuestro mundo (alrededor del 12%) ya no puede ser tocado[vi].

Siendo como soy, ya lo he dicho, restaurador de arquitectura, no puedo evitar, por amante también de la arquitectura, mostrarme completamente de acuerdo con los que piensan hoy que el avance de la preservación necesita inevitablemente del desarrollo de una teoría de su opuesto. El fundamentalismo restaurador, lo he visto durante mis 22 años de profesión, no lleva a otra cosa que la falsificación. En el mejor de los casos, a la congelación de la ciudad. El debate hoy es no tanto qué piezas salvar, sino cuáles ser capaces de descartar[vii]. De la misma forma, el fundamentalismo revolucionario puede llevar (el mundo ya ha vivido ejemplos similares), a una demagógica y supersticiosa religión muy alejada del objetivo principal del Presidente fallecido.

Ninguna persona remotamente honesta, ni siquiera su más fiero opositor, puede negar el nivel de camaradería, de confianza e incluso de cariño que Chávez sentía por los pobres de Venezuela y por la causa de la integración latinoamericana. De las muchas personas influyentes y líderes políticos que he conocido en mi vida, pocos han creído tanto en la unidad de nuestro continente y sus pueblos disímiles –indígenas, descendientes de europeos y africanos, inmigrantes recientes- como él lo hizo.[viii]

¿Qué sería entonces hoy, especialmente en América Latina (pues en otro sitio pudiera ser otra cosa), restaurar? ¿Cómo intervenir sobre el patrimonio (tangible y/o intangible existente? ¿Qué salvar y qué demoler? ¿Qué cadáveres enterrar y cuáles embalsamar? Para responder a estas cuestiones necesito relacionar la restauración de arquitectura (y especialmente de monumentos) con otra disciplina claramente vinculada pero de mucha mayor tradición: la Historia. Ambas, Historia y Restauración, persiguen el mismo objetivo: interpretar correctamente el tiempo pasado[ix]. O al menos, eso se les supone.

Embalsamar el cadáver de Chávez supondría falsificar irremediablemente su esencia, su vitalidad, su conexión con las masas, su dominio de los medios de comunicación, su dialéctica, su fuerza, su carisma. Cualquiera que viva o haya vivido, durante estos últimos 15 años, temporal o permanentemente en América Latina, lo sabe. Chávez no necesita una urna de cristal para ser recordado. Quizá pudiera ser necesario en el caso de un mito prefabricado, artificial, vacío, sin ideas, en cuyo caso su legado y su espíritu pudieran también morir con él. No es ese, al menos hoy, el caso de Chávez. No es momento de nuevas religiones. O parafraseándole a él, no es momento de pequeñas patrias, no es momento de pequeñas batallas.

La Historia no es solo un relato de los hechos, sino la búsqueda del conocimiento y de la verdad, la comprensión del por qué se actuó o por qué se dejó de actuar de una manera determinada. Durante muchos años se estudiará en las universidades del mundo el caso y el legado de Chávez y en consecuencia, mientras una mayoría de gobiernos latinoamericanos siga el camino de una alianza más o menos real, su vida, a pesar de haber físicamente acabado, seguirá alentada por sus homónimos. En consecuencia, de la misma forma en que el cadáver de Cristo no habría permitido un inicio ideológico del cristianismo, pues todo está basado en la evidencia improbable e improbada de su resurrección, el robo o destrucción del cadáver embalsamado y permanente de Chávez, podría suponer, a medio plazo, el fin del chavismo. Ya ocurrió con el de Evita, cadáver incómodo que había que secuestrar y que vivió (nunca peor dicho) una suerte increíble de vicisitudes.

¿Acaso no trata precisamente de esto, también, la restauración de arquitectura? La restauración de monumentos es disciplina cambiante pues implica un planteamiento intelectual frente al concepto que en cada momento presente se tiene del tiempo pasado. Ejemplo máximo de ello supone el uso de la restauración de monumentos como herramienta política, no solo de regímenes totalitarios, sino también de gobiernos democráticos.

De la misma forma, un cadáver embalsamado también es, fundamental y básicamente, una herramienta política. Así ocurrió con los faraones egipcios, así en la cultura inca, así con Lenin, Kim Il-Sung o Mao Tse Tung.

La consecuencia directa de todo ello es que los monumentos, o los mitos, sobre todo aquellos más cargados de ideología, se cubren de matices a la manera de las cebollas, susceptibles una tras otra de ser retiradas en sentido inverso a su crecimiento. Nada que objetar, salvo el hipócrita hecho de obviar que el monumento también tiene un enorme valor como documento (en ocasiones mayor que como pieza arquitectónica). Todo lo que ha ocurrido sobre él, a lo largo de su historia, debe ser considerado relevante y digno de permanencia. Su ruina (su muerte), en un momento dado y por supuesto, también. No la podemos, ni debemos revertir. El restaurador contemporáneo no puede borrar completamente momentos históricos vividos por/en el monumento. Tampoco renunciar a los compromisos y lenguajes de nuestro propio tiempo. Esa es la idea: no puede ser falso lo que no intenta parecerse al pasado. Al no recrear, al no reconstruir, no habrá nunca riesgo de falsificación. Esta es la razón por la que los nuevos arquitectos restauradores, los más dotados o los más comprometidos, cada vez estén menos afectados del mal del reconstructivismo. La consigna debería ser, por encima de cualquier otra, no falsificar, no reinterpretar, no mentir, no inventar.

Hugo Chávez, no fue un hermoso cadáver. Presentarlo de otra forma ante la sociedad venezolana sería un atentado contra su propia credibilidad como político, sobre todo entre aquellos que no compartieron su ideología o sus formas. La misión de los embalsamadores era desde el inicio, imposible de cumplir.
Tras su muerte, Evita fue embalsamada por el médico Pedro Ara Sarriá (Zaragoza, España, 1891 - Buenos Aires, Argentina, 1973), quien durante años perfeccionó la técnica de parafinización. Veintitrés años antes había realizado con ese mismo procedimiento la que hasta hoy es la preparación cumbre del Museo Anatómico Pedro Ara de Buenos Aires: su “Cabeza de Viejo”. El método original fue ideado por Leo Frederiq en 1876. También con esta técnica el Dr. Ara embalsamó el cuerpo  del músico Manuel de Falla, fallecido en la ciudad de Alta Gracia (Argentina) y posteriormente repatriado a España.
El 23 de mayo de 1991, Antoni González Moreno-Navarro, por aquel entonces Arquitecto Jefe del Servicio del Patrimonio Arquitectónico de la Diputación de Barcelona (España) impartió en el Instituto de Ciencias de la Construcción Eduardo Torroja de Madrid una conferencia magistral, como la mayoría de las suyas por otra parte. Casualmente yo, recién licenciado, estaba allí. La ponencia, oportunamente transcrita, se tituló posteriormente “La Restauración de Monumentos a las Puertas del Siglo XXI” y su texto íntegro, hoy fácilmente accesible por internet, se publicó en la revista “Informes de la Construcción” de ese mismo año[x]. Aquel lejano día, en los primeros minutos de su intervención, el profesor González –la persona que más ha influido en mi trayectoria profesional-, realizó una comparación entre su método de trabajo y el del médico que reconstruyó el cadáver de Salvador Dalí:

“…Un día oí en el televisor que alguien hablaba de restauración. No se trataba de una restauración monumental lo que allí se comentaba. No era arquitecto ni historiador el entrevistado, sino un cirujano, pero fue una auténtica restauración lo que explicó. Se trataba de la restauración -el propio doctor la bautizó así- del cadáver del  pintor Salvador Dalí, fallecido pocos días antes en su Empordà natal. Por fortuna, el cirujano no entró en detalles sobre la técnica empleada en su labor restauratoria, pero expresó con claridad los criterios de su intervención. 

"Por causa de la enfermedad", dijo, "Dalí llegó a tener un aspecto lamentable, convirtiéndose en una ruina. Como teníamos que exponerlo en la capilla ardiente, ante el público, ante la televisión, pensé que había que devolverle una imagen adecuada. Evidentemente no podía retornarle a su juventud, con sus bigotes erguidos y su sonrisa de sorna; no por motivos técnicos" (recuerdo que dijo el médico que sí hubiera podido hacerlo) sino por motivos de credibilidad". 

"Nadie hubiera aceptado aquella imagen del genio, así que" - dijo el médico- "le devolví la imagen que tenía antes de su enfermedad, la que la gente podía recordar con ternura", ... La imagen de un Dalí mayor pero no viejo, o viejo pero no destruido. 


La reconstrucción fue posible y legítima. El límite era solo cuestión de técnica, de rigor científico y, sobre todo, de intencionalidad (solo la voluntad de mostrar al difunto justificaba una manipulación que en otro caso hubiera sido gratuita). 


¿No ocurre acaso lo mismo en la restauración monumental?...”

Restaurar un edificio implica salvarlo de su muerte. Por eso sigue siendo, en contra de la opinión popular, un objeto “presente” o “del tiempo presente”. De la misma forma, embalsando un icono se pretende inmortalizar al personaje. Pero si el cadáver no resulta exquisito, pudiera ocurrir, con el paso del tiempo, todo lo contrario. Ya lo dijo en su momento John Ruskin, “restauración (léase congelación, como sinónimo de embalsamamiento), es la más completa destrucción  que puede sufrir un edificio, acompañada de una falsa descripción del objeto destruido[xi]. El cadáver embalsamado de un Hugo Chávez devastado habría supuesto perpetuar una derrota, mientras que consolidar ideológicamente su revolución -desde el recuerdo de lo que dijo y no de la muerte (por enfermedad) que le derrotó-, significaría apuntalar los avances de la Venezuela bolivariana, pues restaurar no es sinónimo de disecar. Cuando comprendí esto, en lucha constante con la falsificación -el mayor pecado en el que puede caer un restaurador, pues afecta a la veracidad del edificio que entrega a la sociedad tras su intervención-, mi taller de restauración de arquitectura intentó dejar de ejercer la taxidermia.

¿Qué es, por tanto, restaurar? En aquella conferencia, el arquitecto Antoni González lanzó preguntas que todavía hoy, más de 20 años después, aún resuenan en mí: ¿es acaso la restauración una forma de observar –conforme a unas reglas prestablecidas- una arquitectura que, por merecer protección, ha detenido su evolución?, ¿es una manera determinada –también con sus reglas- de entender cómo actuar sobre una arquitectura de irremediable evolución permanente?, ¿o quizás tan sólo se trata del conjunto heterogéneo de actitudes y acciones –sin regla alguna- que tienen como protagonista la arquitectura pre-existente?

En mis años de docencia solía cerrar mis reflexiones sobre la restauración arquitectónica con dos imágenes que mostraban, simultáneamente, el antes y después de una mujer anciana que pasaba por la camilla de un conocido cirujano plástico. Imaginemos que un edificio antiguo es, en cierto modo, como nuestra abuela más querida. Un día, nuestra abuela se fractura, pongamos por caso, una cadera. Y aprovechando el postoperatorio, el médico decide comenzar a tentarla con operaciones de falso rejuvenecimiento. Digo falso porque la abuela, al fin y al cabo, tiene los años que tiene.

Algo similar ocurre cuando nos encargan, por ejemplo, la reparación de un antiguo tejado y, aprovechando el andamio, nos ponemos a eliminar desaforadamente las pátinas de sus fachadas, consolidar sillares, reconstruir formas y volúmenes o reinterpretar espacios interiores. Total, ya que estamos allí…

Un día, el médico de nuestra abuela nos llama para comunicarnos el alta médica y que ya podemos pasar por el hospital para recogerla. Cuando llegamos a la recepción, no reconocemos a nuestra abuela porque la mujer que allí nos espera, se parece extraordinariamente a nuestra madre, o lo que es peor, a su nieta.

En la soledad de su mesa de operaciones, el Dr. Aza, frente al cadáver de Evita pensaría, inevitablemente, qué rostro del mito entregar a la sociedad: ¿la enferma prematuramente envejecida y devastada por el cáncer, el dolor y la agonía de sus últimos días?; ¿la joven actriz que enamoró al general?, o ¿la mujer que marcó un hito en la historia del pueblo argentino?

Ese debate, trasladado a la mesa arquitectónica de proyectar, es el mismo al que debieron de enfrentarse los expertos rusos que han desestimado el embalsamiento de Chávez, alegando problemas técnicos que hoy yo, sinceramente no me creo[xii]. En la noche del 15 de marzo el gobierno venezolano en funciones desechó oficialmente el embalsamamiento “porque para ello el cuerpo debería permanecer en Rusia entre 7 u 8 meses”.

Pero dicho esto, comparto la decisión de simplemente enterrarlo. Una victoria sobre sus enemigos, pues el cadáver de Chávez, y por tanto su memoria, estará así a salvo de una probable, con el paso de los años, profanación.



[i] Nicholas Ray, guion de la película Knoch on any door, 1949. Frase atribuida erróneamente a James Dean, quien en realidad simplemente dijo “hay que vivir deprisa, la muerte llega pronto”. En su caso, tuvo razón, pero no siempre es así.
[ii] Al día siguiente de conocerse la noticia, algunos expertos internacionales ya comentaban a los medios de comunicación que la decisión se debía de haber tomado antes del fallecimiento, al objeto de tener preparados, con anterioridad al desenlace, el personal y los recursos técnicos necesarios.
[iii] Nicolás Maduro, vicepresidente de Venezuela, 7 de marzo de 2013.
[iv] Marina Waisman (1920-1997), fue una arquitecta, teórica y crítica de las nuevas corrientes de reflexión arquitectónica sudamericana. Emprendió su actividad en torno a los SAL (Seminarios de Arquitectura Latinoamericana) gracias a los que fue galardonada con el Premio América de Historia y Preservación del Patrimonio de la Universidad Católica de Córdoba (Argentina).
[v] Patrimonio, Prohibido No tocar. Revista de la Sociendad Central de Arquitectos, nº 246, agosto 2012.
[vi] Cronocaos. Muestra desarrollada por OMA y AMO enfocada en la preservación y el rol de los arquitectos. Rem Koolhass y su equipo. Bienal de Venecia 2010, posteriormente exhibida en Nueva York.
[vii] Arquitecta Giulia Foscari, desde 2009 forma parte del equipo de OMA (Office for Metropolitan Architecture). Revista de Arquitectura, nº 246, Patrimonio, Prohibido No Tocar, págs.. 162 y 163.
[viii] Luiz Inácio Lula da Silva, The New York Times, 7 de marzo de 2013.
[ix] Y en esta parte, el presente artículo es deudor de uno anterior, año 2005, escrito en colaboración con mi amigo el Dr. Alfonso de Ceballos-Escalera y Gila, con motivo del Congreso Internacional de Hispanistas que se celebró en Cracovia, Polonia, entre el 14 y 16 de octubre de aquel año. Se llamó nuestro trabajo: “Contra la mal llamada Novela Histórica”.
[x] Informes de la Construcción, Vol. 43, número 413, mayo/junio 1991, págs. 5 a 20, Antoni González Moreno-Navarro.
[xi] Ruskin, John (1819-1900), Seven lamps of architecture, 1849.
[xii] Queda descartada la opción de embalsamar el cuerpo del comandante Chávez luego del informe de una comisión médica rusa”. Ernesto Villegas, Ministro de Comunicaciones e Información del Gobierno de Venezuela, noche del 15 de marzo de 2013.

lunes, 18 de marzo de 2013

Argentina - Venezuela


La presidenta argentina escribió en su Twitter, apenas se confirmó la muerte del comandante, lo siguiente:

Chávez fue el mejor amigo que tuvo Argentina cuando todos le soltaron la mano.

Y en ese Twitter, con pocas palabras, se explica mucho de la relación entre Venezuela y Argentina, durante los últimos años. Más allá de lo que piensen los enemigos (mucho más que adversarios) de ambos, en los últimos tiempos, algo importante, muy importante, ocurrió en América del Sur.

Héctor Soto, crítico de cine



Para mi, toda la carrera de John Wayne, mi admirado y querido John Wayne, se resume en la última escena de Centauros del Desierto (The Searchers, conocida en Hispanoamérica como Más corazón que odio. La película está considera uno de los grandes westerns de la historia del cine. Para Steven Spielberg, "la mejor película de la historia"). 

Quizá por eso me he detenido en las declaraciones del crítico chileno, Héctor Soto. Me ha gustado lo que he leído: 

Es parte del arte moderno y del cine moderno, una mayor autoconciencia. En cierta medida hay quienes dicen que el cine moderno es una reflexión sobre el cine. Para mí básicamente el cine ha sido una forma de descubrir el mundo y una manera de iniciación a la vida. Yo soy hijo de una noción del cine en un país que era un pueblo chico, clausurado, sin comunicación con el exterior y donde este arte era uno de los pocos canales de comunicación con el exterior. Pero también es iniciación, porque así como en los años cuarenta probablemente los jóvenes se iniciaban en un burdel yo me inicié en el cine. La inocencia la gané y la perdí en el cine. Hoy en día el cine es otra cosa. 


Sí, porque el cine es probablemente el gran arte de nuestros tiempos, muy democrático, muy popular, y muy contaminado por la biografía de cada cual. Nuestra historia de vida está hecha también de películas, entonces ahí hay un terreno que diría es sagrado, de cada espectador. En la percepción de las películas a los 15, a los 20, a los 25 años están muy cargadas de la experiencia de cada época, y esa es una zona inviolable, maravillosa. 


El tiempo es drástico, muy severo con el cine. No son muchas las películas que envejecen bien. Pero también hay que distinguir, porque el cine es un arte que está muy asociado a las modas, a las ondas, a fenómenos más o menos pasajeros. Hay que tratar de separar cuando uno ve películas antiguas eso que hay de tributo espurio a la época y quedarse con lo sustantivo. En general, hay autores que envejecen bastante bien: John Ford, Hitchock, si le sacas tres o cuatro películas de la última época. Tengo dudas con Truffaut. 


Fuente: El Mercurio, Chile, 17 de marzo de 2013

Renovarse o Morir


Santiago, Chile, barrio Yungai, bazar "La Madrileña", por no existir ya, no existe ni en internet. No hay fotos que encontrar en la red. Elijo una, en blanco y negro, de otro lugar, de otro país, de otra ciudad.

Da igual. La historia es la misma. En San Pablo con Herrera languidece un viejo bazar. 97 años de negocio. Apenas 10 personas al día cruzan sus puertas. Y no todas para comprar. El vendedor actual, lleva 62 años tras el mismo mostrador.

Dentro de la tienda, en un mundo marcado por las modas, aún cuelgan viejos trajes confeccionados décadas atrás. Es el local más antiguo del barrio de Yungay.

Cuando el último de sus dueños muera, su negocio morirá con él.

Luis Cercós
Santiago, Chile

Morris L. West (Australia, 1916-1999)


Morris L. West, el autor más leído de Australia (60 millones de ejemplares vendidos, 30 títulos escritos)   sirvió en inteligencia durante la II Guerra Mundial. Y debió de ser un magnífico analista, pues predijo en dos ocasiones, el futuro de la Iglesia Católica.

En "Las sandalias del pescador", anticipó con 15 años de adelanto, la elección de un papa eslavo. En "Eminencia" (1999), hace 14 años, la elección de un papa argentino y jesuita. Increíble, ¿no?

Eminencia narra lo que sucede tras la enfermedad terminal del Papa reinante, cuando la curia vaticana se debate qué hacer para elegir a su sucesor. En Argentina, las Madres de Plaza de Mayo quieren llevar a tribunales a un Cardenal vinculado a la desaparición y muerte de ciudadanos durante la Dictadura militar argentina. El cardenal trasandino Lucas Rossini trabaja en el caso y se involucra tanto, que debe dejar el país y se instala en El Vaticano, donde poco a poco se convierte en uno de los más cercanos al enfermo Papa y en su sucesor tras su muerte. 

Luis Cercós
Santiago, Chile

Chile - Argentina


Leo en la sección de Cartas al Director del diario El Mercurio (Chile, 17 de marzo de 2013), lo siguiente:

Los chilenos siempre buscamos las mejores razones para dejar de admirar a los argentinos, pero siempre aparece alguna nueva razón que nos obliga a hacerlo. Gabriel Guiloff. Chile. 

Graham Hill, 38 m2


Graham Hill, millonario antes de cumplir los 30, cuenta como su mansión y sus bienes le impedían ser feliz. Hoy vive en 38 m2 bien organizados. Lo explica así:

Yo vivo en un estudio de 38 m2. Duermo en una cama que se despliega desde el muro. Tengo 6 camisas. Tengo 10 bowls poco profundos que utilizo para las ensaladas y platos principales. Cuando tengo invitados a comer, extiendo la mesa plegable del comedor. No tengo ni un solo CD o DVD y me queda el 10% de los libros que tuve alguna vez.

Para mí, se requirieron 15 años, un gran amor y muchos viajes para deshacerme de todas las cosas no  esenciales que había coleccionado y ahora vivo una vida más rica, mejor, más satisfactoria con menos.

Hoy vivo con lo mínimo y viajo con pocas cosas. Tengo mucho más tiempo y también más dinero. No cambiaría ni un segundo que pasé recorriendo con ella las calles de Bankog por nada que haya tenido.

En mi departamento, con solo 38 m2, puedo alojar a cuatro personas cómodamente y a menudo organizo comidas o cenas para 12. Mi casa está bien construida, es asequible y tan funcional como espacios habitacionales con el doble de metros cuadrados.

Tengo menos y disfruto más.

Mi espacio es pequeño. Mi vida es grande.

Grahan Hill es el fundador de LifeEdited.com y TreeHugger.com

Fuente: El Mercurio, Chile; The New York Times.

Luis Cercós
Santiago, Chile

viernes, 15 de marzo de 2013

Reintegraciones Cromáticas (VI)




A propósito de la recuperación de los revocos históricos en una fachada del centro histórico de Santiago de Chile. 

Armonía Cromática

La armonía cromática, o  "armonía de los colores", es concebida como el conjunto de técnicas que se aplican en la creación de una gama cromática para lograr equilibrio en la interacción de los colores que la componen. También se denomina así al efecto estético de calma que ese equilibrio produce en el espectador. Suelen emplearse también las designaciones armonía del color y armonía del colorido.
La tradición de la armonía cromática ha implicado, a lo largo de la Historia del Arte, una incorporación sucesiva de conceptos, entre los que destacan: el ajuste cromático, la complementariedad, la extensión cromática, el acorde cromático y la coloración.
El concepto de ajuste cromático constituye un principio de la armonía del color. Se basa en la obtención de una proporción y correspondencia óptimas entre los colores.

La idea de complementariedad armónica se relaciona con el contraste que percibimos en las diferentes  tonalidades de un mismo color. 

El concepto de extensión cromática alude a las dimensiones de los coloridos, tanto en términos geométricos como sinestéticos. La sinestética es la percepción conjunta o interferencia de varios tipos de sensaciones de diferentes sentidos en un mismo acto perceptivo. Un sinestésico puede, por ejemplo, oír colores, ver sonidos o percibir sensaciones gustativas al tocar un objeto con una textura determinada. No es que lo asocie o tenga la sensación de sentirlo: lo siente realmente. 

El acorde cromático consiste en un colorido que posee una proporción conveniente entre los colores que lo componen. 

Por último, se da el nombre de coloración a la forma en que cada color se encuentra combinado de forma ajustada con otros en un colorido.
En la concepción general y en la terminología de la armonía de los colores se encuentra fácilmente una poderosa connotación de la musicalidad sinestética consustancial al color y al colorido, un fenómeno presente, de manera muy especial, en la cultura occidental. Esto explica que la armonía de los coloridos se asuma, incluso en nuestros días, bajo la influencia del clasicismo (como el arte de formar y enlazar los acordes de colores).
La gran influencia de los conocimientos aportados por la Ciencia del color a todos los campos artísticos y técnicos en los que tiene aplicación directa (fundamentalmente en las Artes visuales y en el Diseño), determina que la armonía de los colores se encuentre hoy más cerca de la cromatología iconolingüistica (estudio del lenguaje visual desde varias perspectivas científicas cognitivistas, fundamentalmente a partir de los criterios y conceptos contemporáneos), que de las teorías tradicionales del color. 
Fuente: wikipedia. 

Luis Cercós, para Moguerza Constructora SpA

Santiago, Chile

jueves, 14 de marzo de 2013

Cámara Argentina de la Construcción







CONCURSO NACIONAL DE IDEAS PARA LA IMAGEN DE LA FACHADA Y ANTEPROYECTO PARA LA REMODELACIÓN DEL HALL DE ENTRADA DEL EDIFICIO CAM.AR.CO
MEMORIA
RESTAURACIÓN, TRANSFORMACIÓN, Y UN POCO DE TRANSGRESIÓN

Habían pasado veinte años. No podías seguir con algo que pensaba veinte años atrás, el tiempo había pasado y yo pensaba otras cosas. De eso también pasaron no sé cuántos años, pero si hubiera otra oportunidad seguramente sería a su vez algo distinto lo que hoy propondría.[1]

Las personas cambian, lenta e imperceptiblemente, pero cambian. El náufrago no tenía espejo. Durante el tiempo que pasó en la isla nada ni nadie le devolvió su imagen reflejada. Se olvidó de cómo era él. Y al dejar de recordarse, también dejó de imaginarse. Un día, un barco le salvó. ¿Le salvó? Al entrar en el baño del camarote se asustó. No estaba solo. Aquel que le miraba desde el espejo del lavamanos era un hombre completamente desconocido para él. Pero también era él.  

Los edificios también cambian, lenta e imperceptiblemente, pero cambian. La planta del anteproyecto ganador de 1951 apenas se reconoce en el hall que hoy recibe a quienes atraviesan, puerta giratoria mediante, el umbral del edificio de la Cámara Argentina de la Construcción.

Mi vida podría haber sido otra.[2]

¿Dónde quedó el patio ajardinado de la propuesta original? ¿Qué pasó entre el anteproyecto ganador y lo realmente construido?

La Cámara Argentina de la Construcción se fundó con el claro objetivo de contribuir al desarrollo de la industria de la construcción. Esa es la idea fundamental de nuestro proyecto: incidir en el carácter industrial de un sector, el de la construcción, que muchas veces ha sido catalogado de lo contrario: desprogramado, desorganizado, improvisado,  caótico.

Lo cierto es que los objetos industrializados en alto grado se encuentran en proceso de perfeccionamiento continuo, su calidad aumenta cada vez más e incluso los precios son cada vez más económicos. La única industria que todavía no funciona es la de la construcción.[3]

El Movimiento Moderno, inspirador de aquel anteproyecto de 1951, intentó combinar las capacidades propias de los materiales con una estética extraída de la lógica de la construcción.

Lógica, racionalismo, sencillez, virtudes que quizá hoy no se perciben en el  espacio que define actualmente el hall de acceso, pero que allá están. Muchos son los elementos que inducen al desasosiego. Retirémoslos pues.

Las cosas las hacés, pasan. Es como si un cuadro tuyo se cae, se rompe, se destruye, bueno se destruyó, qué vas a hacer.[4]

Lo que fue, ya fue. Es pasado y hay que reinventarse. Esas han sido, en anteriores ocasiones y con matices, sus propias palabras. Desde la rotundidad de su trayectoria, que en el caso de otros pudiera haber derivado en arrogancia, él desalienta cualquier intento de preservar o de congelar sus obras.

Criterios conceptuales de la intervención

La Revista de Arquitectura de la Sociedad Central de Arquitectos dedicó su número de agosto al Patrimonio. El título elegido por su curadora, la arquitecta Rita Comando, fue una declaración de intenciones: “Patrimonio. Prohibido No Tocar”.[5]

Está bien. Toquémoslo.

El recuerdo se asemeja a una cebolla que quisiera ser pelada para dejar al descubierto lo que, letra por letra, puede leerse en ella.[6]

Abordamos así una primera fase “de sustracción o deconstrucción”, que elimina, a la manera de las capas de esa cebolla de Grass, todo lo que hoy genera desorden o incomprensión: las macetas, las nuevas carpinterías, los revestimientos obsoletos, los trastos, la señalética actual, los falsos techos, la iluminación improvisada, el actual mostrador de seguridad, las sillas desordenadas.

En la segunda etapa, de “consolidación objetiva”, nos limitamos a ordenar el espacio original, tal y como pudiera haber sido inicialmente concebido, desnudo, sin ornamentos, en su racionalismo inicial. El mural de Seguí queda enmarcado en el patio.

A partir de aquí introducimos materiales contemporáneos y un lenguaje arquitectónico personal.  

Un patio, una malla, un territorio de frontera

El anteproyecto de 1951 tenía un patio. Nuestra propuesta, 62 años después, lo recupera en un lugar simétricamente enfrentado con su ubicación inicial. Desmontamos para ello la escalera de caracol, cansada como está de no llevar a nadie a ninguna parte.

El hueco ocupado por la escalera se convierte así en sala de espera del IERIC, que se hace claramente presente en la planta baja y se separa definitivamente del acceso a las plantas superiores del edificio.
Los ascensores se identifican así con la Cámara Argentina de la Construcción y enfatizan el carácter industrial del sector a través de una nueva piel claramente industrial.

La malla metálica, una reinterpretación de los viejos toldos de lona, matiza el soleamiento mientras se descuelga por la fachada, atraviesa la recova y se introduce en el hall. El suelo del hall, recíprocamente hace lo mismo saliendo hacia el exterior y entre ambas señales, los peatones que circulan por el soportal perciben que atraviesan un territorio de frontera, en parte público, en parte privado.

Una malla que se transforma en nueva piel del edificio, segunda fachada, capa incluso de sacrificio, voluntariamente imperfecta y orgánica, capaz de protegernos del sol y de permutar a medida que los ocupantes de las diferentes plantas del edificio vayan acometiendo reformas del interior que pueden llegar a modificar la homogénea carpintería actual que ya no tendrán que ser  necesariamente iguales a las de sus vecinos, en una metáfora de la propia ciudad: ecléctica, caótica, impredecible, quizá permanentemente inacabada, pero siempre viva.

Una malla, una segunda piel que quizá dentro de unos años, finalizada la metamorfosis del cuerpo original, a la manera de un andamio exterior que ya ha cumplido su misión, pudiera ser nuevamente desmontada.

Un aspecto que me impresiona mucho en la arquitectura y en la ciudad de nuestro tiempo es el empeño en llevarlo todo a su acabamiento, a su final, a su finalización. Esta tensión hacia una solución definitiva impide la complementariedad entre las varias escalas, entre el espacio abierto y el construido. Hoy cualquier intervención, aunque sea pequeña y fragmentaria, se obstina en conseguir una imagen final y así se explicaría la dificultad de la compenetración entre las distintas partes de la ciudad.[7]



[1] Clorindo Testa, a propósito del segundo concurso para el Centro Cívico de La Pampa. Ana de Brea y Tomás Dagnino, Diálogos con Mario Roberto Álvarez & Clorindo Testa, Buenos Aires, 1999
[2] Clorindo Testa, id. Anterior.
[3] Jean Prouvé, 1901-1984
[4] Testa, Diálogos con Mario Roberto Álvarez y Clorindo Testa (desde el periodismo Ana de Brea y Tomás Dagnino), Buenos Aires, 1999.
[5] Patrimonio, Prohibido No tocar. Revista de la Sociedad Central de Arquitectos, nº 246, agosto 2012.
[6] Günter Grass, Pelando la Cebolla, 2007
[7] Alvaro Siza



Equipo: META y BUSTO & CERCÓS ARQUITECTOS
META: Manuel Mensa, Matías Etchart, Lucas Torres Agüero
BUSTO & CERCÓS ARQUITECTOS: Gabriela Busto, Luis Cercós