sábado, 6 de noviembre de 2010

Restauración por Sustracción


Los edificios, a lo largo de su biografía, acumulan cosas. En la mayoría de los casos, adiciones con o sin fundamento, trastos, reparaciones improvisadas, distribuciones incoherentes, añadidos, testigos sordos de sus ocupantes, muñones, arañazos, historias.

Eliminar el desorden es lo que llamamos en nuestro despacho de arquitectura “restaurar por sustracción”, y para eso aprovechamos interesadamente una de las más consensuadas acepciones de la palara “restaurar”: recuperar, recobrar, volver a poner una cosa en el estado o estimación que antes tenía.

Aunque sinceramente, por muy aceptada que esté esta definición, está muy alejada del concepto de restauración que defendemos en nuestro estudio, ¿por qué motivo se supone correcto devolver una cosa al estado que antes tenía? ¿antes de qué? ¿antes de cuándo?
En múltiples veces hemos visto documentos o requerimientos administrativos (redactados incluso por doctas y competentes “comisiones de patrimonio”) que confundían en sus planteamientos el “estado antes de las obras” con el “estado original”.
¿Existe en realidad un “estado original”? ¿Cómo es posible cumplir el mandato, tantas veces usado por la administración pública, de devolver el monumento a su estado original? ¿En qué momento una pieza de arquitectura deja de ser “original” para ser ya un edificio “manipulado”?
El término “restauración” es un concepto cambiante. Siempre fue así, pues en su esencia implica un planteamiento intelectual frente al concepto que en cada momento presente se tiene del pasado.

Defiende el historiador Javier Rivera en varios de sus trabajos que bajo estas premisas, genéricamente, “restaurar” consistiría en “repristinar (de “prístino”, adjetivo que procedente del latín “pristinus” significaría antiguo, primero, primitivo u original) un producto arquitectónico, una obra de arte o una realización humana, por medio de cualquier intervención posible”.
La verdadera complejidad de esta definición se plantea ante el hecho de que la “arquitectura” tiene multitud de valores intrínsecos y por tanto, todos ellos (estéticos, religiosos y/o litúrgicos, históricos, políticos, documentales, artísticos, funcionales, o todos ellos a la vez), a veces de manera claramente contradictoria, son susceptibles de ser restaurados.
Un profesor me dijo una vez, y estoy completamente de acuerdo con él, que “restaurar implicaba, invariablemente, destruir una parte”.

Y es por eso que antes de borrar para siempre algo que allí existió preferimos sencillamente “eliminar el desorden” y esperar a ver qué pasa. A eso en nuestro taller de arquitectura lo llamamos “restauración por sustracción” e implica sencillamente eliminar todo aquello que genere desasosiego.
Una vez hecho, nos volvemos a pasar por allí y reflexionamos.
Luis Cercós (LC-Architects)

Las fotos que ilustran esta entrada se corresponden con las obras de rehabilitación del Alfar del Carmen (antes iglesia - siglo XVII), según proyecto del arquitecto Pedro Ponce de León Hernández. Director de Ejecución: Luis Cercós.

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